• Juan L. Mira

DIARIO DE UN SUICIDA EN POTENCIA - CAPÍTULO GRATIS: Cargas viscerales o corridas secas

Actualizado: 27 may


Cargas viscerales o corridas secas, capítulo de Diario de un suicida en potencia, de Juan L. Mira
Cargas viscerales o corridas secas

Cuando me estaba follando a esa tía y escuché como sonaba su culo con cada embestida que le daba, me vinieron a la cabeza esas películas porno de mierda que echaban en algunos canales de la televisión por satélite. Por supuesto nada que ver con los clásicos de Tinto Brass… ni que decir ya de Jenna Jameson o Silvia Saint, esas sí que eran la puta caña.

Aquella noche conocí a Laura, o Lara… o Lourdes… juro que tenía nombre, aunque yo no la llamaba de ninguna forma. Bastante tenía con concentrarme en que no se me desempalmase la polla. Sexo y alcohol, puta mezcla de mierda si te pasas un poco.

Aquella noche ligué. No vayáis a pensar ahora que soy un puto ligón nato. Sólo me pasa de vez en cuando. No sé que fama tienen los bares, pubs y discotecas, pero yo jamás he ligado en mi puta vida en uno de esos sitios. Eso de que allí es donde se liga y después se folla para mi es un auténtico mito más increíble que las putas coordenadas de la jodida Atlántida. Mis intentos allí nunca han resultado.

Aquella noche triunfé. Creo firmemente en que debo rendirle homenaje al whisky de garrafón. Sin su preciada ayuda esa noche no habría echado ese polvo. Tuvo que ser eso. Si la tipa esa no hubiera estado más borracha que yo, no habría mojado el rabo. De eso estoy totalmente seguro. No soy lo que se llama comúnmente un triunfador. Puedo darme con un canto en los dientes con mi cuota anual de polvos; a los polvos que echo sin pagar, claro.

La cosa es que no lo recuerdo muy bien. Sé que me aburría en casa. Sé que aparecí en el pub que está dos calles más atrás y empecé mi ronda de cervezas. Sé que intenté hacerme el interesante con un par de tías y lo único que conseguí es que me tomasen por el gilipollas que en realidad soy. Sé que pasó el tiempo. Demasiado tiempo como para recordar lo que hice y lo que bebí. Sé que una tía que estaba bastante buena se encontraba mareada junto a los cuartos de baño. Yo me ofrecí caballerosamente a ayudarla para tener una buena excusa y poder mirarle el escote. Menudo par de tetas tenía la cabrona. Fue allí, cuando tenía la mirada perdida en sus tetas, cuando de repente levantó levemente la mirada hacia mí y me dijo:

-¿Qué mierda estás mirando, tío?

-Tus tetas –respondí sin cortarme un pelo-. ¿Quieres que follemos?

No sé cómo, pero se obró el milagro. En un cuarto de hora estábamos en su casa follando. Juro que era una tía. Estaba borracho, pero lo suficiente sobrio como para saber donde metía la polla. Y gracias que conseguía mantenerla dura.

No me acuerdo de mucho. Sé que follamos estilo misionero… como para intentar otra con el pedo que llevaba… fijo que hubiese potado por toda la cama dejando el desayuno listo para la mañana siguiente. Sé que usé condón… ella me obligó… y sé que me desperté a la mañana siguiente al mediodía y ella se había largado.

Estaba hecho polvo. Las resacas es lo que tienen… hijas de puta. Me dolía la cabeza como si me hubieran disparado en la sien. De todas formas no debía estar muy mal porque me vino a la cabeza la follada de la noche anterior y no tuve más remedio que bajarme los calzoncillos y hacerme una buena paja. Me la casqué con la izquierda, soy diestro, pero con el paso de los años he descubierto que una buena paja se hace con la mano contraria. No sé que tiene, pero es casi como si te lo hiciera otra persona… casi. Me acordé de su cara, bueno de la cara que le quise poner (según mi recuerdo bajo el alto nivel de alcohol en sangre); ya se sabe que estando borracho un feto mal parido puede resultar la mejor de las top models. En mi mente estaba buena, y así quiero seguir recordándolo. La verdad es que no me atreví a rebuscar por la casa para descubrir una foto de ella en la que en realidad se pudiera demostrar que era Él.

La paja duró poco, bueno, como casi todas las pajas rápidas. Me la casqué y a los tres o cuatro minutos ya había lanzado todo mi amor contra la pared del dormitorio. Eso se convirtió en un problema. Normalmente me hubiera importado tres cojones. Me habría levantado, puesto los pantalones y marchado con mi resaca a otra parte, pero esa vez no. No tengo ni zorra idea de por qué fue así, pero me dio mucho palo dejarle una muestra de mi adn goteando por la pared al lado de la mesilla de noche. Y más cuando no había conseguido dibujar una obra de arte, ni siquiera algo cubista.

Allí estaba yo, en el dormitorio de una desconocida que me había follado de casualidad la noche anterior intentando limpiar mi propia corrida de la pared con un paño de cocina que encontré en el fregadero. El problema sólo hizo mas que empeorar. El puto paño estaba manchado de aceite de algún refrito cocinado varios días atrás y dejó una enorme y asquerosa mancha en el lugar donde se encontraba mi leche recién ordeñada. Una mugre viscosa de color entre marrón y grisáceo se dibujó en el muro creando una obra mayor aún que la anterior. Me cagué en la puta madre de varios dioses antes de pensar en algo. Estaba demasiado cansado para que se me ocurriera algo más original. Lo único que pude hacer es rebuscar en los cajones de la mesita de noche. Encontré un bolígrafo, firmé mi obra y salí del piso lo más rápido que pude sabiendo de antemano que había matado cualquier posibilidad de volver a follar con esa tía.


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