• Juan L. Mira

Cuando se va a dormir


Cuando se va a dormir. Relato de Juan L. Mira
Cuando se va a dormir

Él necesitaba alguien que le quisiera. El cariño hacia los animales le sobrevino cuando mató al lobo. Todo el camino fue arduo, pero al fin halló el amor deseado.

Alguien llamó a la ventana y él no se lo creyó, pero la anciana virgen insistió hasta que consiguió su objetivo. La invitó a entrar y, tras sentarse en lo alto de la mesa, hablaron sin cesar como si fueran viejos amigos. Tras conversar un rato, ella le convenció de que había sido su madre, pero solo hasta que cumplió los setenta y tres años. Tras firmar el acuerdo, hicieron el amor en el suelo de madera hasta altas horas de la madrugada. Fue entonces cuando el zafiro estalló delante de su cara.

La niña de las coletas regresó de su viaje nueve meses más tarde. Tenía la piel muy morena y las uñas demasiado cortas para su edad. A veces, el carril de la vida regresa al punto de partida. El tren rara vez llega a su hora.

La obra de arte colgada en la pared se manchó con la piel de cabra. El humo olía de manera fétida y todo se tornó en escándalo. El guarda lo retiró antes de que contaminara a la anciana. Su virginidad tenía que perdurar por los restos de los siglos.

El hielo amargo invadió el plato de comida a la hora de cenar, cuando el frescor sobrepasó el verano y el hacha partió la hoja de cartón.

La pasividad llegó al final del camino y con ella el clamor de la venganza. El águila susurraba y la gacela murmuraba para sí misma ante el cadáver del lobo.

La noche llegó y él despertó.

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