• Juan L. Mira

El espíritu de la muerte prematura


El espíritu de la muerte prematura, de Juan L. Mira
El espíritu de la muerte prematura

La colina se tiñó de negro y el huracán cruzó la montaña. Ese era el paso el Mundo del Sol Helado y el Mundo Humano.

Aquella vez tenía forma de mujer joven. Cabellos largos y negros, ojos incoloros y fríos, capaces de engañar al más agudo. Un vestido blanco le cubría su esbelto cuerpo y una niebla gris oscura la seguía, acentuando su pálida piel.

Atravesó la puerta y llegó a este mundo maligno con el nombre elegido ya grabado en su esclava de plata. El ser escogido esta vez era un humano y su futuro ya estaba escrito.

¿Por qué las golondrinas cantan cuando el agua de la lluvia se lleva otra alma?

El barrizal huele a rosas secas. Las abejas han matado a su reina.

El mundo humano es una peonza fuera de control que rueda sin motivo aparente.

Khalix ha señalado con el dedo. En el tablero de ajedrez ya han movido la pieza.

Aquel chico apenas tiene dieciocho años, pero sus entrañas ya se pudren de cáncer. Ya llega el ángel que aliviará su dolor.

Su respiración cada vez se hace más lenta. Su sangre se estanca en las venas, preparándose para lo inevitable. Su mirada empieza a ser vidriosa y sus sentidos han desaparecido por completo.

Al cuerpo tan solo le quedan unos instantes de vida. Ahora solo hay lugar para el alma.

Khalix y su elegido regresan juntos de la mano. Los truenos anuncian su vuelta al Mundo del Sol Helado.

Todo es distinto en un abrir y cerrar de ojos. En los labios del chico se dibuja una leve sonrisa. La primera en mucho tiempo.

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