• Juan L. Mira

La Adivinanza del ser


La adivinanza del ser, relato de Juan L. Mira
La adivinanza del ser

Allí, en la oscuridad de la cueva, habita el ser demoníaco. No tiene ojos, no tiene oídos, no posee nariz, ni mucho menos boca, pero es sabido desde hace milenios que es maligno y demoníaco. Quizá la falta de sentidos le haya convertido en lo que es.

¿Y qué es? Se preguntan aún muchos. ¿De dónde viene y con qué fin fue creado? Esas son unas de tantas preguntas que no se han podido contestar jamás; quizá porque simplemente no se sabe la respuesta correcta, o quizá por temor a que la verdad sea conocida por todos. Hay que tener en cuenta que cosas como esas no se cuentan a los cuatro vientos. Hay que ser precavido.

Tres enanos de larga cola fueron los que hicieron correr la voz. Dijeron dónde vivía, que se alimentaba de osos que él mismo despellejaba con sus propias manos y que lo único que bebía era su propia orina.

El Ser no molesta a nadie si antes no se le molesta a él. No perturba la mente de nadie. En realidad, son los demás lo que se autoperturban sin poder quitarse la idea de que allí habita el ser demoníaco. Ese es precisamente su secreto, ser algo que habita en la mente humana sin haber hecho esfuerzos para ello. Eso es él: las ideas putrefactas que sobran de los pensamientos correctos, el sentido de culpabilidad, los remordimientos que empujan para salir, la envidia, los traumas que nos fueron inculcando nuestros propios ancestros y, ahora, la sociedad.

Lo peor de todo. lo que de verdad inquieta, es que es algo que no se puede evitar. No se puede luchar contra ello. Porque nada ni nadie puede impedir que el ser albergue allí dentro. Por otra parte, si uno se calma y se sienta a meditarlo, seremos conscientes de que no podríamos vivir sin él.

Cada uno de nosotros camina en una dirección u otra, dependiendo de lo fuerte que lo sintamos. Todo depende de lo fuerte que sea nuestra personalidad, nuestro ego, nuestro amor, nuestra inteligencia, nuestra fuerza de voluntad... Hay pocos que eligen el camino correcto. Hay pocos que ni siquiera saben cuál es. Pero, el que lo elige, acaba por conocerse a sí mismo y formarse en un gran persona. En realidad, al final de todo, hay que adentrarse en la cueva para hallar al ser demoníaco.


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