• Juan L. Mira

Lo que nos depara


Lo que nos depara, relato de ciencia ficción de Juan L. Mira
Lo que nos depara

Era una época extraña. Todos parecían haberse vuelto locos en una tierra que luchaba desesperadamente por la subsistencia; como si esta tuviera tanta importancia.

Ante todo, debo presentarme. Mi nombre es Drashall y soy un ente con la propiedad de hacer viajes en el tiempo. Si estoy aquí, es porque tengo una ínfima esperanza de que algún desgraciado pueda cambiar, para bien, algo de lo que está por llegar y no joda más lo que vendrá si no le ponen remedio.

Vengo del año 3978. Vosotros hubierais puesto «después de Cristo»; nosotros ya no lo llamamos así. La capa de ozono ha sido completamente destruida por las sustancias químicas, creadas por los humanos. Debido a esto, los humanos que quieran sobrevivir un día más se deben inyectar una dosis diaria de un compuesto de células y otras mierdas en el iris izquierdo para no morir de cáncer de piel. Debido a vuestra contaminación, un noventa y tres por ciento de la población humana y animal ha muerto o ha mutado, con lo que, haciendo cuentas, solo quedan vivos casi mil millones de humanos.

El agua hace tres siglos que desapareció casi por completo y fue sustituida por una pasta proteínica sintética. Con una sola de estas pastillas se puede alimentar a un hombre durante un mes y medio, sin necesidad de que coma ni beba nada hasta entonces.

El desorden reina en la sociedad. Todo se ha convertido en un lugar salvaje, donde cada uno tiene derecho a matar a su vecino si tiene un motivo justificado para ello. Las fuerzas del orden, ahora llamadas Fuckers, son un cuerpo de seguridad que se dedican, casi exclusivamente, a los ladrones de células.

Como podéis comprobar, muchas cosas han desaparecido de vuestro mundo; ni siquiera los deportes son los mismos. Ahora son más violentos. Han regresado los torneos medievales, los duelos a espada, los gladiadores... la sangre vuelve a ser un espectáculo sin ningún tipo de falsa modestia.

Si queréis algo de esperanza os puedo contar que no todo es destrucción en esta época. Están Los Tres Mundos Ocultos. Lugares extraños y muy diferentes entre sí.

El primero de ellos es El Mundo del Relámpago. Un lugar más oscuro que el mundo humano. Allí habitan el mayor número de mutantes. Son los que no se han atrevido a integrarse en la sociedad. Su tierra es una selva repleta de escombros de los antiguos edificios y los mutantes viven en las oquedades que se han ido formando cuando se derruyeron los rascacielos. Es un lugar peligroso y querer adentrarse allí, es desear la muerte.

El segundo de los mundos es un lugar muy distinto. Está al final del Desierto carnívoro y se llama Lyra. Es el único espacio en el mundo donde todavía hay algo de agua; incluso tiene un lago inmenso y también queda algo de vegetación. Un resquicio del paraíso en el planeta. El motivo por el cual aún hay restos de naturaleza en este sitio es porque está situado en una enorme grieta en la corteza terrestre, a varios kilómetros de profundidad, por debajo de donde antes había estado el nivel del mar. Allí todo es increíble y la naturaleza vuelve a ser tan apreciada como se merecía haber sido en vuestro tiempo. Es el único lugar donde la contaminación no ha hecho mella y los humanos que allí habitan son como vosotros todavía. Es un pueblo pacífico que vive de la ganadería y el cultivo. A su manera, han sabido sobrevivir muy bien.

El tercer y último mundo es llamado Krazten. Es un lugar violento, pero no tan salvaje como el primero. Es la zona más contaminada de la tierra. Allí, los mutantes no dejan de transformarse continuamente hasta su muerte.

Cada uno de estos mundos se rigen según sus leyes, a cada cual más feroz y cruel. La humanidad es solo una masa abstracta de lo que antes fue.

Como veis, el mundo es horrible, una versión deforme de lo que antes fue. He venido aquí a hacer lo poco que está en mi mano por ayudar. He venido a dejar mi testimonio. Si unos pocos consiguen abrir los ojos, me daré por satisfecho.

42 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo