• Juan L. Mira

Yo fui dios... durante una hora


Yo fui Dios... durante una hora, relato de Juan L. Mira
Yo fui Dios... durante una hora

—¿No te has preguntado nunca qué se sentiría siendo Dios?

—¿Qué?

—Que si nunca te has preguntado qué se sentiría siendo Dios, aunque solo fuera por unos minutos.

—No sé. Supongo que alguna vez. Tampoco es algo en lo que me pare a pensar a menudo.

—Pues yo fui Dios... durante una hora, fui Dios.

—¿De qué coño me estás hablando, tío?

—Sí. Me subí a una azotea de un edificio muy alto, en una calle muy concurrida... llevaba conmigo a Claudia.

—¿Quién?

—Claudia es mi fusil de francotirador M110. Lo llevé conmigo. Y también llevé siete de cargadores de 20 cartuchos.

—¿Estás hablando en serio? ¿Qué mierda hiciste?

—Salió en las noticias. Subí a la azotea y segué la vida de trece personas. Eso hice. Allí, verdaderamente fui Dios. Todas esas vidas estaban a mi disposición y yo era el único dueño de su destino. Podía decidir la suerte de cada uno, y eso hice. El punto de mira era mi batuta y yo era el director de orquesta. Tenía el poder, la fuerza absoluta para decidir. Eso es ser Dios.

—No te creo. ¿Qué pasó?

—Los maté... trece personas. Tres niños, cinco mujeres, cuatro hombres y un policía. Desde yo estaba podía controlar dos calles por completo. Podía escoger con tranquilidad a mis mártires. Aquellos desgraciados tardaron en darse cuenta de lo que sucedía hasta que ya había dejado tres muertos y siete heridos en la cuneta. El resto fueron cayendo poco a poco. Morían los descuidados, los que se creyeron que tenían una oportunidad. El policía fue el último. Intentaba apartar a la gente y yo lo aparté a él.

—¿Qué pasó después?

—Viene alguien. Tengo que colgar.

—¡Espera, joder! ¿Qué coño ocurrió entonces?

—Todo acabó tan rápido como había empezado. La policía irrumpió a golpes y me llevaron con ellos.

—¿Dónde estás ahora?

—En el manicomio, estúpido. ¿Dónde crees?

—Tranquilo, no te enfades.

—Ahora tengo que colgar, pero recuerda esto: ahora no soy nadie; un simple código numérico en un expediente, pero durante una hora, durante ese momento, lo fui todo. Todo el mundo estuvo pendiente de mí. Yo era el centro de atención y tenía conmigo el poder. Todo eso es algo que nunca olvidaré. Solo por sentir de nuevo esa sensación, volvería a matar.

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